¡HASTA LUEGO, INSTAGRAM!

Ayer publiqué un escueto «¡Hasta luego!» en mi cuenta de Instagram y me bajé del escaparate rey. Al hacerlo, se me preguntó sobre si me había pasado algo.

La respuesta corta es: nada. No es un arrebato de una mala tarde, ni una decisión impulsiva. La respuesta larga es, en realidad, un ejercicio de lógica, pragmatismo y prioridades. De hecho yo salgo de aquella red, pero mantengo la cuenta como un acceso más a esta página. También la de Facebook, aunque se muestre aún más inútil que Instagram… pero no sobran las puertas abiertas, de modo que ahí siguen.

Cuando decidí lanzar mi marca, Marguita, en redes, junto con mis libros, lo hice con un propósito muy claro: dar voz y visibilidad a un trabajo que ha recibido portazos físicos de todos los colores. Eran mi única salida: las redes sociales (de las que ya me había alejado antes). Sin embargo, en el tablero de juego de Instagram, para que su algoritmo decida enseñarte, tienes que estar dispuesta a hacer ruido, a interpretar un personaje, a vender tu vida personal, o a invertir una cantidad ingente de tiempo en editar vídeos de pocos segundos, lo suficientemente llamativos como para que la gente los vea. No se moleste nadie: hay quien lo hace muy bien, tiene mucho éxito, y gana dinero y popularidad con su trabajo utilizando estos medios. Yo hablo desde mi experiencia.

A mis 59 años, he descubierto que tengo algo que no pienso perder por un puñado de «me gusta»: independencia moral. La económica es importante, qué duda cabe, pero no a cualquier precio. Por suerte yo puedo mantener mis principios a salvo.

Mirando los datos fríos, la conclusión era inevitable. Las redes me consumían una energía vital que necesito para escribir, y no se traducían en lectores reales ni en ventas. Era un «predicar en el desierto», y ¿quién quiere eso? Yo no voy a bailar, no voy a contar chistes, no me voy a exhibir más de lo que ya hice (nunca me gustó), ni voy a contar mi vida o mis miserias con un megáfono; tampoco soy nadie para ofrecer consejos sobre cómo debe nadie hacer nada. Ya hay demasiados profetas, ¿no te parece?

Por eso he decidido dejar de alimentar a una máquina tacaña, a un público virtual perezoso, y volver a mi verdadero hogar: este blog.

Mi persiana en las redes está bajada, pero mi casa real sigue abierta de par en par. Aquí no hay prisas, no hay ruido ni algoritmos. Solo estamos tú y yo. Aquí todos somos relevantes.

Si os apetece seguir conmigo, os invito a quedaros. Podéis pasear por el blog o echar un vistazo a la tienda para curiosear libros, camisetas, tazas y joyas, hechas -realmente- en España. A lo mejor, incluso, novedades…

Bienvenidas, bienvenidos, ahora sí, a mi rincón de paz. Y GRACIAS. 

-TIENDA DE LIBROS.

TIENDA DE CAMISETAS.

-TIENDA DE TAZAS.

-TIENDA DE JOYAS DE PLATA. 

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5 comentarios en «¡HASTA LUEGO, INSTAGRAM!»

  1. Jose Miguel Garrido Serrada dice:

    Buenas.
    Estoy en varias redes sociales, coincidimos en varias de ellas, y no sé en otras culturas, pero en nuestra antigua vieja del visillo, es el símil donde las ubico.
    Incluso en una red llamada para profesionales, LinkedIn, donde se supone que somos profesionales conectado con otros profesionales, hay una mayoría de viejas del visillo.

    Seguimos en contacto, pero no pasaré por la tienda hasta que tengas mi camiseta.

    Saludos.

    • Marga de Cala dice:

      Buenas, Jose Miguel,

      pues sí, sobre todo últimamente es así. Llegó un momento en el que de todos mis contactos, solo veía publicaciones de uno o dos… y yo nunca he pretendido ser el «espectáculo». No me siento cómoda. Para colmo, si no eres el «show», y a lo grande, el famoso algoritmo no te mueve, y no llegas a nada. Es inviable para mí.

      Te digo algo: siempre puedes regalar una bonita camiseta a alguien. ¡Lleva taza incorporada!

      Gracias.

  2. Candelaria Fernandez Duran dice:

    Querida amiga. pienso igual que tú. Las redes hacen perder un tiempo muy valioso que es mejor dedicarlo a «la vida real». Gracias por dejar abierta aquí la puerta de «tu casa». Seguiré siguiéndote como siempre. Hasta pronto y un fuerte abrazo.

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