Andrés observa la mosca cojonera de la cocina, que revolotea dibujando círculos tan hipnóticos como absurdos. Algunas veces, la abstracción es vital, se dice sin abrir los labios. En la habitación del fondo del pequeño «pisotel», su madre, ensillada tras años de sofá, azúcar y televisión, golpea el bastón contra el suelo. Otras veces el Leer entrada
