Año Nuevo, Esperanza Vieja

Recuerdo haber vivido fiestas navideñas difíciles, conflictivas, raras…  Nochebuenas infantiles de sueño temprano y forzado motivadas por malestares de interior, y vísperas adultas marcadas por el luto y la desgana… Recuerdo, también,  escenas imborrables dignas de olvidar… pero esta Navidad que hoy termina (sí: en mi casa hoy acaba por fin) supera con creces cualquier otro maldito tiempo pasado en mi memoria.

Por respeto a quienes tal vez no lo merezcan no entraré en detalles de por qué ha resultado así, y de por qué me encuentro tan mal que hasta en estas últimas fotos con las que quise felicitar a los míos (a ti, por ejemplo, que estás) no aparece esa sonrisa que debería acompañar a unos buenos y típicos deseos.

Siempre me han gustado estas fechas (todo el mes de diciembre) incluso desde mi ateísmo convencido, aunque no sepa explicar bien por qué: una madre que las detestaba, unas tradiciones y reuniones que me divertían, unas hijas pequeñas que las impulsaban con esa inigualable inocencia, una familia propia con las que disfrutarlas, una música y películas navideñas que recuperaba feliz desde que terminaba «Halloween», (ante el hastío de mi entorno)… El brillo, la luz, el espíritu (que a mí me poseía literalmente), los reencuentros, la decoración y los detalles me encantaban. Para mí era un estrés con gusto, como la sarna que no pica.

Y este año todo eso terminó.

Algunas pérdidas, algunos duelos empiezan mucho antes de que una persona «se vaya», eso lo tengo muy claro, y quienes hayan pasado por momentos similares me comprenderán. Cuando a eso se unen otros factores y otras actitudes nada empáticos, cuando la tregua solicitada no obtiene respuesta, y cuando las ausencias de eternos amigos que en realidad nunca lo fueron se entremezclan, tu mundo explota ante esos focos que alumbran «the most wonderful time of the year»… y debe hacerlo en silencio para no molestar, pues a ti no te falta de nada -aunque tu trabajo no te acompañe- y deberías estar más que agradecida. Hoy día uno de enero de 2026 he recogido el árbol y los adornos, las luces y las esperanzas que hasta el último minuto mantuve vivas, y he puesto fin al absurdo… con todo el dolor de mi corazón.

No sé si será reversible.

Me quedan pocos leales pero muy importantes, y ellos saben quiénes son y serán. A todos muchísimas gracias por el recuerdo y los bonitos deseos. Ojalá os venga todo duplicado en este 2026 en el que cumpliré una curiosa edad que dudo ayude en la empresa, pero aquí seguiré para descubrirlo (si la vida se me aguanta).  Esta entrada es para ellos, para ti, por si alguien quería saber de mi retirada en alguna mesa, cita, quedada o intención. Mis disculpas por no poder.

Y EL MEJOR AÑO POSIBLE PARA TI.

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