EL IMÁN DE SONRISAS

En la jungla de asfalto, o en el interior de un centro comercial, donde todos caminan con prisa y la mirada clavada en el móvil, existes tú. No llevas globos, ni vistes con colores llamativos, pero para los ciudadanos de menos de un metro de altura, sueles ser la atracción principal del día.

Vas caminando, pensando en tus cosas, queriendo recordar los recados que debiste apuntar, cuando de repente, desde una sillita de bebé, unos preciosos ojos como platos te fijan el objetivo. Es un niño pequeño con un mono de rayas azules. Te mira como si fueras esa celebridad que alguna vez quisiste ser.

El bebé que te dirige la sonrisa más inocente del mundo debe de pensar: «esta humana es como mamá, y parece buena. No grita, no corre y tiene cara de saber dónde están las galletas».

Tú, casi por reflejo, le devuelves la sonrisa y te limitas a agitar la mano, cuando en realidad te encantaría acercarte y achucharlo (pero entonces -posiblemente- te detendrían, por más cara de buena que poseas). El bebé rubito se ilumina, suelta una carcajada sin dientes y agita los brazos en tu dirección. Es ahí cuando entra en escena la mirada de mamá: esa mezcla de sorpresa y análisis de rayos X que intenta descifrar por qué su hijo, que suele llorar con todo el mundo, te ha elegido a ti para su show matutino. Y, tras comprobar que no supones ningún peligro, le sugiere a tu nuevo miniamigo: “cariño, dile hola…”.

Tú sonríes y sigues tu camino buscando ya no sabes qué, mientras dejas atrás a un bebé feliz y a una madre sorprendida. Es tu superpoder silencioso: ser un puerto seguro entre la enajenada multitud».

P.S.: Basado en hechos reales… 

¿Quieres compartir?

2 comentarios en «EL IMÁN DE SONRISAS»

  1. Candelaria Fernandez Duran dice:

    Siempre es un placer leer tus todo lo que escribes. Y. en esta ocasión , además de arrancarme una sonrisa (Algo que pensé borrado de mi rostro hace tiempo), me he sentido «feliz «. He recordado esa maravillosa época en la que mis hijas eran pequeñas, que llevo guardada en mi corazón como un tesoro.
    Me guan los niños, pero, creo que yo a ellos también. Cuando te miran , es imposible que no te saquen la ternura y la inocencia que llevas dentro.
    No dejes de escribir. si eso te hace sentir bien
    Un libro puede devolverte muchas más cosas de las que das. como la imaginación. sin ella, viviríamos en la edad de piedra.
    No sé quién dijo esta frase «Si lo puedes imaginar. lo podrás construir «.

    • Marga de Cala dice:

      Creo que es una buena señal que gustemos a los niños, y que nos busquen con la mirada. Ellos aún no han aprendido a fingir y si te dan el visto bueno, es que es real… Me alegro de esas sonrisas que habrá que repetir con una quedada.

      Supongo que con lo de escribir te refieres a la última entrada: pues sí, por mí, por ti, por los que son como tú, y por los que pueden ayudarme a ser más. Es suficiente, ¿no crees?

      Gracias, amiga.

Responder a Candelaria Fernandez Duran Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *